Exposiciones | EXPULSADOS DEL PARAÍSO
Nadia Granados
Inauguración y Cierre: De Martes, 23 Octubre 2018 - 5:15pm hasta Domingo, 24 Noviembre 2019 - 5:15pm

Expulsados del paraíso

 

Siempre empujados a situarnos de nuevas maneras en relación con los objetos expuestos en un espacio de arte, y más aún, lejos de la euforia tópica supeditada al tiempo comercial y sus emblemas, tres individuales simultáneas atadas a un solo cordón umbilical nos abordan desde los márgenes. Tres exposiciones que evidencian un descontento general y una curiosidad mi-croscópica. Los márgenes habitan ya en el centro en forma de referencias y ecos integrados a una intensa red de estereofonía cultural. Márgenes que son más antiguos que la Historia, la cual es diseñada siempre después y difundida en versiones recortadas que nos desligan de su raíz esencial y nos dan una nueva, por lo general artificial y flotante como la que hace pensar a los niños de las ciudades que la leche proviene de la nevera per se y no de las vacas. Hasta las vacas comienzan a marginarse en el imaginario de la infancia, a ser parte de la mitología inalcanzable de un mundo caníbal que no reconoce credenciales de procedencia. Expulsados del paraíso por segunda o por tercera vez cuando olvidamos el origen de las palabras o las conexiones que existen entre ellas, necesitamos que alguien vuelva a enseñarnos a usarlas, que nos restituya su sentido.

“Los objetos del mundo están cargados de una cierta pero no especificable intensidad que ha sido mitigada por el uso diario y la utilidad. Con tal de reanimar esta intensidad latente, y acercar sus mentes una vez más a la intimidad de la materia que compone el mundo, los artistas van a un encuentro tan bello como azaroso en el cual el simple acomodo de objetos en contextos insospechados revigoriza sus atributos misteriosos”.

Esa confusión de enfoques aclarados se observa en la exposición que Expulsados del paraíso se trae entre manos, y que podría subtitularse, según el orden ascendente en el que están repartidas por piso las exhibiciones, como El que ve (el caminante), El que sabe (el chamán) y la sacerdotisa desnuda.

Una faceta poco explorada del trabajo de Edwin Sánchez toma cuerpo en el dibujo. Sin dejar de ir a los mismos lugares (cuchilleros drogadictos, ñocos mendicantes abusados, burdeles en el límite del mundo) nos amplía la visión poniendo el ojo en donde generalmente no vemos nada, donde no miramos, pero donde pasan todas las cosas. Su versión del submundo social es una radiografía más verdadera del mundo que anida en la superficie. El reverso perfecto y el fuelle de origen de las hipocresías domésticas de la familia conservadora, de la hipocresía gubernamental. Sin una aparente finalidad concreta, los dibujos (reflexiones en caricatura y sketch), repartidos en el espacio y completados por un mapa en la pared de referencias de la zona de tolerancia entre fronteras, el barrio Santa Fe, epicentro de las anécdotas, invitan a escudriñar en paralelismos que trascienden lo alegórico para volverse real. A esto se liga la publicación de un documento bizarro sobre las formas verbales y físicas de explotación a la mujer donde se cruzan historias de miedos a enfermedades venéreas, el tráfico de menores y la migración.

La propuesta de Edison Quiñones se hunde de cabeza en los rituales ancestrales que conectan con la tierra. Silencio, Agua, Territorio, Resistencia. Tomando elementos de la herencia Nasa diluida en sus venas, Juegos violentos trata de proponer una mirada hacia la soberanía de los pueblos indígenas de la que aun podemos aprender independencia, lucha y valor. Una mirada cruda que pasa por el video y objetos residuales de la guerra intervenidos. La memoria del futuro que un día ocupará el centro que le pertenece por derecho. Una especie de canon que se expandirá a todos los territorios del pensamiento en donde el Cauca esté en el centro de la tradición.

Por último, en el frente de batalla de las vanguardias freak latinoamericanas, con un show de exceso y repetición, desde su rabiosa trinchera política cargada de símbolos y radicalidad alegórica, Nadia Granados hará una performance contranacional, contra sí misma y contra todo, en un intento de desmantelamiento de las formas atrofiadas del gesto que se atienen a la representación tradicional en el arte contemporáneo, a esa torpe insistencia en el calco y su espectralidad.

Expulsados del paraíso es un inquietante y esquivo fantasma que ignora con felicidad los límites de su entorno, y en el que se puede mapear una incertidumbre intergeneracional de la época: nuestra precariedad semántica, nuestro desarraigo total.

Felipe Cáceres Cerón

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