Exposiciones | "Latitud Cerro Matoso"
Del proyecto latitud cerro matoso, 2017, 33 x 23 cm., ensamblajes de radiografía de frente y primer molar
Estefanía García
Inauguración y Cierre: De Sábado, 17 Febrero 2018 - 1:00pm hasta Sábado, 17 Marzo 2018 - 1:00pm

Hacia una geografía corporal del conflicto

 

"Yo viajo para conocer mi

propia geografía ". 

 

Palabras de un "alienado" mental. Es conocido el conflicto existente desde que las multinacionales llegaron con sus máquinas a extraer las riquezas del subsuelo en el país. La miseria, la explotación social, el nefasto impacto ecológico, la violación sistemática de los derechos laborales y de los derechos humanos, son tan solo algunos de los “beneficios” que han traído consigo las multinacionales al país. Córdoba en monte Líbano donde se instaló la multinacional australiana South 32 cuya empresa subsidiaria es la compañía Cerro Matoso, es el punto de reflexión plástica de la obra de la artista Estefanía García Pineda.

 

La obra, está articulada por una historia personal; la historia familiar de la artista, que como la mayoría de colombianos llegaron a trabajar para esas empresas, por falta de oportunidades en otras regiones del país. La empresa explotadora de níquel entre otros metales, nunca pagó regalías al estado, ni muchos menos a sus empleados sueldos dignos. Es decir que la multinacional no se contentó con explotar nuestro subsuelo sino también al trabajador. En un fragmento video de la obra, la artista “da voz a sus padres quienes fueron trabajadores en esa empresa, mientras ella escuchando esos relatos, se escribe en una de sus manos con su propio cabello, como si fuera hilo quirúrgico la palabra Cerro Matoso, como insistiendo que ese lugar que más se parecería al infierno dantesco, ya estaba inscrito en su propio cuerpo desde que ella nació. Sus relatos son verdaderamente conmovedores y se convierten en un testimonio de una herida, aún abierta, que muchos trabajadores han padecido a causa de estas multinacionales. Relatos de vida de sus padres, que podrían ser la de todos los trabajadores de estas empresas que, dentro de la precariedad, lograban sobrevivir; estos se articulan con piezas que hablan del desplazamiento, como pedazos de ferró-níquel.

 

Todo esto dentro del conflicto armado donde paramilitares, militares y guerrilla, comprometían la estabilidad de la familia, que ya tenía dos hijas entre ellas la artista misma. Es por este contexto violento e insalubre por la contaminación, de los primeros cuatro años de Estefanía y su hermana, que la familia decide abandonar la región y volver al eje cafetero donde así no hubiese una estabilidad laboral, al menos habría más tranquilidad y menos contaminación. Era enero de 1994 cuando la familia se instala de nuevo en Manizales. La obra es un gran autorretrato donde radiografías del cráneo de la artista, dientes, tierra, níquel, copias de actas de nacimiento, gasas, huellas de sus pies como testimonio de su nacimiento, video con testimonios de los padres, conforman una relato extremadamente contundente, que sitúa la obra de esta joven artista en un camino prometedor, donde ya podemos incluirla dentro lo que he llamado los otros realistas, donde la relación entre arte y política logra abrir un terreno de reflexión sobre nuestro contexto, sobre todo hoy donde el asunto de la minería sigue siendo el problema crucial de poder entender buenas partes del conflicto social en el país.

 

E suelo cubierto de tierra insiste sobre el problema de la tierra en el país, origen de todos los conflictos sociales. La confrontación a esa narración plástica, donde la palabra y el cuerpo de sus padres, el cuerpo de la artista y sus huellas que vuelven a insistir en el vínculo entre arte y ciencia, arte y política. En suma Estefanía García Pineda es un artista que ha logrado incursionar con fuerza en este complejo mundo del arte contemporáneo con una obra que sin duda seguirá dando de qué hablar, más aún en un contexto del post-acuerdo, donde el conflicto social y político se agudizará en un ambiente democrático, esperemos todos, hasta que encontremos la tan anhelada justicia social.

 

Ricardo Arcos-Palma

Crítico de arte y de la cultura

PhD en artes y ciencias del arte

 

Desplazamientos y transiciones

 

La fuerza de lo simbólico es una constante en la obra de Estefanía García Pineda, objetos, atavíos y adminículos de las más variadas procedencias que al apropiárselos como partículas de su historia, hace que se conviertan en parte de su exploración artística. Para su performance más reciente, se elaboró con gasa médica un sencillo y discreto vestido, recostó bocabajo su cuerpo en una camilla médica, y entró en un profundo trance meditativo, para alejarse del dolor físico que le suponía la creación de un tatuaje en la planta de su pie derecho; el motivo elegido, el desplazamiento entre Montelíbano - Córdoba y Manizales, realizado por ella y su familia en 1994 cuando aún era una niña, a causa de la violencia y la contaminación.

En esta etapa particular de la obra, su exploración tiene como centro su memoria personal, su propia relación con las imágenes que confusamente vuelan en sus recuerdos; además realiza el recorrido de vuelta hacia su pueblo natal, al que no había regresado desde hace 23 años cuando ella y su familia salieron de allí. La acción realizada mientras ella meditaba profundamente, le confiere un halo catártico, una íntima manera de transformar las vivencias de su primera infancia, una abstracción de su YO marcado por el desplazamiento desde una zona, a su vez, marcada por el conflicto armado. En la memoria personal los hechos del pasado se van borrando paulatinamente, el re-conocimiento de los hechos van quedando relegados con el paso del tiempo, van desapareciendo los testimonios de sí mismos, de la misma manera que un tatuaje inscrito en la planta de los pies, se va desvaneciendo con el recorrido, con el camino.

Convertir en obra de arte, los más íntimos y recónditos recuerdos son atributos de esta obra. El artífice del tatuaje con vestimenta totalmente negra, contrastaba definitivamente con la performer y con el espacio. La acción performática constituye la segunda parte de la obra -Latitud Cerro Matoso. En la que la artista ha venido trabajando durante el último año.

Oscar Trujillo Zuluaga

Escritor

 

 

Testimonios Desterrados

La serie Testimonios desterrados es un proceso etnográfico, que narra el recorrido de la artista desde Manizales, su actual lugar de residencia, a su primera ‘casa’ en Montelíbano, un pueblo ubicado en el departamento de Córdoba donde habitó hace 23 años. La minería ha sido desde hace varios años un problema constante en esta región, situación que no es desconocida por las personas que allí habitan. Su fijación se convirtió en rastrear y recoger sus memorias. Al llegar a la que había sido su casa, que se encontraba en un alto grado de deterioro, se da cuenta que ésta llevaba abandonada varios años y lo que en un futuro quedaría de ella, serían las fotografías que tomó como registro.

Minas de níquel de Cerro Matoso

Su recorrido continuó con la visita a las minas de níquel de Cerro Matoso, en dónde su padre trabajó desde 1990 a 1994, como supervisor de vigilancia. Hablar de Cerro Matoso en la región parece ser un tema álgido, pues la gente evita opinar al respecto. En la carretera que comunica el pueblo con las minas, se encuentran ubicadas torres de energía eléctrica para producir ferroníquel, cuya elaboración requiere de cantidades desmedidas de energía.  Así mismo, en la carretera resaltaba un aviso de una base militar llamada El Roble, además de ver constantemente camionetas blancas grandes que son parte de la seguridad de Cerro Matoso y de Montelíbano. Según personas que la artista fue conociendo, los antiguos paramilitares, ahora bandas criminales, pululan; pero eso es tema prohibido, el suspenso se respira en la región, para la artista resultaba cuestionable ver tantos grupos “cuidando” un pueblo con una economía tan precaria para la mayoría de sus nativos. Al llegar a la entrada de las minas, entre la cantidad de señalizaciones una particular resaltaba: “Bienvenidos a Cerro Matoso, una empresa segura”, un letrero que para la artista traduce aguas contaminadas, tierra muerta, gente enferma, pobreza, falta de pago de regalías, indígenas desplazados, etc. Esta región sólo deja ver la desigualdad social, la contaminación a la que se ven inmersa la gente y la complejidad del conflicto que ha caracterizado el territorio.

Cementerio

Los cementerios son parte importante de la memoria de cualquier población. El interés de la artista estaba virado a los N.N y la fosa común donde estos se encontraban. En estas fosas no caben más inquilinos, hay muchos huesos a la deriva entre ellos una tibia que aún llevaba puesta una media de lana negra muy bien conservada; fuera de la fosa había cráneos la mayoría con los dientes extraídos y huesos regados. Algunos restos óseos dentro de bolsas rojas, además de los que hay en fosas clandestinas.

“Latitud Cerro Matoso” nace a partir de una experiencia vivida por la artista y su familia en el año de 1994: el desplazamiento de su pueblo natal Montelíbano, ubicado en el departamento de Córdoba, cerca de las minas de níquel de Cerro Matoso donde trabajaba su padre, a la ciudad de Manizales Caldas donde vivía la familia de su madre.

El proyecto cuenta con tres partes: la primera Hacia una geografía corporal del conflicto cuyo eje central es la memoria colectiva de la familia de la artista, que entre otros contiene el testimonio oral de sus padres, documentos y elementos corporales propios; la segunda parte Desplazamientos y transiciones performance que se centra en la memoria personal pasada y presente a partir del desplazamiento territorial; la tercera parte Testimonios desterrados muestra un proceso etnográfico a partir de la memoria personal, colectiva, e histórica del pueblo al que regresó a finales de agosto de 2017, después de 23 años de haber huido.

El proyecto enmarca el contexto sociopolítico de un lugar donde se extraen grandes riquezas, que como muchos otros es explotado por las transnacionales y a raíz de esto es azotado por la violencia, conflicto armado, pobreza y contaminación. Normalmente un graffiti es corto, conciso e incómodo. En este caso la operación se trató de tomar la frase de un libro y escribirla en la pared, creando una tensión entre un contenido académico y la forma tosca del aerosol en la pared.

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